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SAN ADRIÁN DE VADOLUENGO Sangüesa

En Sangüesa está una de las principales joyas del arte románico de Navarra: la iglesia de Santa María. Su portada es una de las mejores del románico de la Península Ibérica. Muy conocida por los aficionados al arte medieval, ha eclipsado a otro de los monumentos románicos de Sangüesa, la iglesia de San Adrián de Vadoluengo.


San Adrián de Vadoluengo se encuentra a las afueras de Sangüesa, en dirección a Sos del Rey Católico, junto a la carretera NA-127, a la altura del kilómetro 6. Lo primero que llama la atención es el verdor del paraje donde se encuentra. Es un pequeño oasis entre campos de labranza. La umbría que crea la vegetación hace recordar aquellas menciones del Paraíso tan recurrentes en la Edad Media.


Entre el verdor aparece la iglesia de San Adrián. Y como si fuera una iglesia coqueta lo primero que nos ofrece es su lado más bello, su hermoso ábside. La iglesia es un buen exponente del románico rural, con nave única y torre. Entre su decoración escultórica destacan los canecillos, con animales, entrelazos, aves. Quizás el más curioso sea el de una mujer en postura obscena, mostrando su sexo. El sentido negativo de estas esculturas queda ejemplificado en la representación de un hombre con un barril, una crítica a la ebriedad muy difundida en los templos románicos.
La portada se encuentra en el muro sur. Está coronada por un tímpano adornado con un sencillo crismón. Otro de los atractivos de la iglesia son las numerosas marcas de cantero que lucen las piedras del templo.
La iglesia fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1983. Fue construida en la primera mitad del siglo XII. Afortunadamente la iglesia de San Adrián de Vadoluengo tiene referencia en los escritos de la época. Fue mandada construir por Fortún Garcés Cajal, noble aragonés muy cercano al rey Alfonso el Batallador, rey de Navarra y Aragón. Llegó a ser mayordomo del rey y tenente de Nájera, Viguera, Grañon, Daroca, Cutanda y Ull. ¿Quién sabe si la iglesia es producto de una promesa en alguna de las campañas en las que el noble acompañó al rey guerrero que conquistó Tudela y Zaragoza? ¿Pudo la iglesia ser construida en recuerdo del hijo de Fortún que murió en batalla contra los musulmanes?
Son meras hipótesis, pero lo que si que está claro es que aquí, en Vadoluengo, se firmó el pacto de Vadoluengo, que en 1135 reunió a Sancho Ramirez, rey de Pamplona y a Ramiro II el Monje, el sucesor en Aragón de Jaime el Conquistador. No es de extrañar que el pacto, como muchas veces era tradición, se realizara ante el altar de la iglesia, territorio sagrado que debería llevar al cumplimiento estricto de lo pactado, cosa que en este caso no se hizo.

La iglesia de San Adrián tiene otra curiosidad: una extraña inscripción cerca de la portada. Hay quien ha llegado a identificarla como una de las primeras inscripciones en euskera. Y es que el románico no deja de sorprendernos.

© Julio Asunción
julioasuncion@hotmail.com

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